
El mercado financiero mexicano experimenta una transformación sin precedentes impulsada por la digitalización: los usuarios más jóvenes están consolidando portafolios personales con hasta cinco tarjetas de crédito. La agresiva competencia de los neobancos y las plataformas fintech, sumada a la flexibilización en los requisitos de contratación, ha democratizado el acceso al financiamiento en el país. Este fenómeno ha obligado a la banca tradicional a recalibrar de manera urgente sus estrategias comerciales, modelos de riesgo y políticas de aprobación.
El papel de las fintech en la democratización del crédito
Durante los últimos años, el mercado de tarjetas de crédito al consumo ha cambiado radicalmente. Fintech y Sociedades Financieras Populares (SOFIPOS) como Klar, Stori, Vexi o Sufinc introdujeron políticas mucho más flexibles, atrayendo a segmentos de la población con poco o nulo acceso al sistema financiero tradicional. Mediante esquemas como las tarjetas garantizadas, estas plataformas permitieron que millones de mexicanos construyeran su historial crediticio, rompiendo el estigma y el miedo histórico que existía hacia los plásticos bancarios.
Endurecimiento en las políticas de aprobación
El aumento en la disposición de asumir riesgos por parte de los jugadores digitales obligó a la banca tradicional a revisar sus estrategias de colocación. Sin embargo, no todas las instituciones han optado por flexibilizar sus normas; de hecho, bancos como HSBC, Santander, Banregio y Banco Azteca han comenzado a aplicar filtros mucho más estrictos. Ante el incremento de solicitantes multitarjeta, estas entidades están siendo más selectivas para evitar la sobreexposición financiera de los clientes, lo que explica por qué muchos usuarios enfrentan rechazos al intentar solicitar nuevos plásticos en la banca tradicional.
Banorte e Inbursa: dos enfoques comerciales opuestos
La reconfiguración del mercado ha provocado que las instituciones tomen caminos estratégicos completamente distintos. Por un lado, Banorte ha capitalizado este segmento registrando un crecimiento del 23% en mayo, impulsado en parte por la asimilación de la cartera de RappiCard. Para construir relaciones a largo plazo sin disparar el riesgo de impago, la institución apuesta por ofrecer un acceso ordenado mediante tarjetas garantizadas.
En contraste, Inbursa ha decidido no participar en esta competencia por la base de la pirámide. La institución redujo su cartera de tarjetas de crédito un 2.7% durante el mismo mes y notificó a sus inversionistas que no pretende lanzar plásticos básicos ni competir en el segmento de menores ingresos. Su estrategia se concentrará exclusivamente en clientes de alto poder adquisitivo, menor riesgo e historial comprobado, ofreciendo productos especializados como alianzas con aerolíneas y cadenas de supermercado.
Sofisticación financiera frente al riesgo de morosidad
Mientras algunos bancos observan con cautela la acumulación de plásticos, entidades como Scotiabank consideran que poseer múltiples tarjetas no es inherentemente negativo, sino que puede reflejar una mayor sofisticación del consumidor mexicano, quien busca optimizar recompensas, fechas de corte y beneficios específicos de cada marca.
En materia macroeconómica, el volumen de colocación de la banca en tarjetas de crédito alcanzó los 727,672 millones de pesos hasta el mes de mayo. A la par de este crecimiento, el Índice de Morosidad (IMOR) del sector aumentó ligeramente del 3% al 3.35%, según datos de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV). Aunque los especialistas señalan que el porcentaje de los ingresos destinado al pago de intereses ha subido en los hogares, el nivel de impago actual se mantiene controlado y no representa, por ahora, un riesgo estructural para el sistema financiero.







